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La decoración del vidrio se basa en una utilización sistemática (raramente casual) del color, que aplicado sobre o en el vidrio, le da forma o significado. El color da vida a las vidrieras, pues la luz en transparencia lo enciende, proyectando franjas de arcoiris. Existen colores transparentes, que permiten destacar el dibujo, colores cubrientes, que se utilizan sobre todo para la decoración monocromática, y colores en pasta, que se utilizan para delinear el contorno del dibujo que se pretende colorear.

Independientemente de la técnica y del método de trabajo adoptados y del tipo de vidrio escogido, es necesario que para la operación de coloración del vidrio se disponga de una superficie vítrea y un ambiente de trabajo muy limpios, ya que el polvo, al depositarse en el vidrio, resta brillo a los colores, mientras que la grasa y la suciedad impiden una buena adherencia del color.

Para limpiar el vidrio se puede utilizar alcohol o acetona, que se emplea también para diluir algunos colores. Cuando se inicia la coloración de un tema, es mejor terminarla, dado que interrupciones y retrasos podrían secar el color que se está utilizando y sería difícil volver a obtener las mismas tonalidades y densidades. Una vez decidido el tema de la decoración, es preciso definir los colores con que realizarla, recordando que la coloración es destacada por la luz que se filtra a través del vidrio y que, por tanto, es importante que los colores sean brillantes, limpios y homogéneos.

Una vez establecidos los colores, el tipo y la cantidad necesarios para realizar el trabajo, se puede proceder a su preparación, obteniendo los tonos y gradaciones precisos. Siempre es más fácil oscurecer un color claro que aclarar uno oscuro; por ello, en la preparación de los colores es conveniente empezar por el más claro. Sirviéndose de pequeños recipientes de vidrio o cerámica, se vierte el color escogido. Partiendo de la tonalidad más clara y removiendo, se añadirá poco a poca la más oscura, hasta obtener la gradación deseada. En caso contrario, si se desea aclarar un color oscuro, se vierte en el pequeño recipiente un poco del color oscuro y se le añaden unas gotas de disolvente hasta obtener un tono más claro.

La coloración podrá llevarse a cabo con el pincel, en el caso de superficies pequeñas, estrechas y difíciles, o con el cuentagotas, para superficies más o menos extensas, planas, delimitadas por resina o por cinta de plomo.

Publicado el dia: Sábado 3 de marzo de 2007
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